Wednesday, June 6, 2007

De Diario de caverna



DIARIO DE CAVERNA



POEMAS








1986-88 (New York)



EL CUERPO QUE SE ARQUEA A ESTA HORA

El cuerpo que se arquea a esta hora
no converge en la niña desperezada sobre la alfombra
no resume sus lirios sobre la claridad de la tarde.
El pie, libre de su nacimiento, apura una ausencia de hojas,
una corrida separación de sombras,
tal vez el contenido que desfallece en los lienzos
recomenzados
por la proximidad de un borde menudo, olvidado.
El cuerpo conducido a su llanto más el reflejo sigiloso de su sombra,
a la urbe lineal de una espalda buscan su caída
en el momento de las confesiones.
Sus desnudas piernas sobre el espasmo de los figurines
terminan en el fuego de dos lanzas trizadas
su pecho descalzado no perdura en la escarcha
o en la viudez del pantalón vacío.

El viernes a esta hora todos pasamos a la silla remota
o allí descansamos el ansia de un tobillo aprisionado
por la eternidad esperada en tu cuerpo,
abismo reprimido en las telas del medio día
esperanza visiblemente dejada.
Su pelo seduce la privacidad de un verano imprevisto
la mano jamás cierra sus dedos
es el aburrimiento sexual de una pestana abierta en el instante
en que la mesa consume una segunda piel
una planicie ultimada por el deseo obtuso de la llegada.
Nace el pecho reseñado por el vacío
tras la sinonimia de un seno,
el timbre, la vorágine de una segunda pierna,
el florecimiento tardío,
la cabeza que de momento resulta pegajosa
como una puerta condenada.
Así va el tren que nos lanza sus latas, sus cigarros.
Adoro esos tiestos, el gesto inservible con que viajas a mi lado
como un diamante sobre el dedo del esqueleto.
Pero el encono puede surgir humedecido por su noche,
totalmente fluvial, paralelo a la mano que desata mis piernas
el ojo que descubre el inútil cuerpo con sus vanos mensajes.



II
TAL VEZ DEL OLVIDO

Tal vez del olvido brotan los eternos pájaros del viento
tal vez de un lívido ser, una playa sin pájaros puede
crear sus alas, su lloviznadas alas reproducen la espuma
de un sollozo
tal vez somos el despojo de una sombra
sobre el tambor del día
o nuestro pasos juveniles desfallecen sobre un muro
inventado por el humo
el manto ruinoso ya no cubre el cisne creado
por el rumor del viento
quizás sufrimos de la amarga soledad de un párpado sitiado
o de ser infinitamente perversos como un lápiz
sobre la nieve.


Una inadvertida luna, remota. Un telón sin órbitas
no admiten nuestro día libre
los investigadores dormidos sobre su lago, los jueces del
entre sueño
no advierten este yacimiento de pies, esta pesadumbre
de sonrisas reveladas sobre el olvido
la ciudad cavernosamente amotinada por las luces imantadas
de los gatos
iguales la mueca de estos dedos imberbes cruzando
sobre el gran puente de hule
iza sus relojes su mantas, sus ardillas llorosas,
sus capas, sus camelias. De bruces sus levantadas nervaduras
sobre el acolchado salón donde se decide el olvido
esperanza de yodo en los vergeles
o si los abrigos terminan sus día liberados del encanto
de los cuerpos, inadmisibles como si asombraran la casa
con sus gritos de putas desenterradas.



III
NECESITO ESE ROSTRO DE VIUDAS

Necesito ese rostro de viudas entrando en los corredores
enmudecidos de la tarde, cojeando de un dolor ajeno, legando
su sonrisa a los teléfonos del medio día.
Añoro ese rostro puro con que la viuda llora a su perro.
Lo envidio y hasta le reclamo una orquídea. La viuda llora
y el dolor nunca nace del pañuelo. A menudo su dolor
reclama su seno, su cabello, su sobria retirada. Añoro esa
melancolía con que el dolor se hace adulto
y puro delante de un intachable perfil.
Necesito ese pelo, esas manos extravagantes, que todos miran
antes que el cadáver, uno precisa ayunar delante de un
cadáver azul para divisar una caída de estadísticas,
una simulación de pelo envuelto sobre un arrecife quieto
sobre los alcoholes de la sala.



IV
ME ACOJO A ESE LLOVIZNAR DE QUEJAS

Me acojo a ese lloviznar de quejas asaltando los velos
seducidos por una vana ida, por este escape impredecible
sin drogas, sin muchachas puertorriqueñas, sin discos volátiles.
Faltan rosas y lentes de mujer, uno no sabe si va a llegar a
verse, si nos han visto diluir
los asombros, dejar el médico, la sala, los pacientes solos con
sus prohibiciones.
Me inclino para ver pasar la sombra en vilo sobre las cartas,
el solemne corazón que va a los buzones con la esperanza
remota de enriquecer el tacto, de ver su seno airado sobre
la urgente boca ida, la viuda que abandona sus panties sobre
la verja, la niña de pandora
irreductible sobre las cigüeñas, a menudo hay más timbre en
la voz de los muertos que en el infarto de la viudas violadas
previamente.



V
DESCONCHAR IMANES

Desconchar imanes o jugar a la imantación de las uvas
al juego condenado de las frutas que cantan en tu cuerpo
cuyos imanes reproducen una visión de signos
detrás de los cuales yace el imán que compacta las manos
y la niña trae flores, fotografías plenas de una
indeleble imantación de uñas de cabellos solos
como si la imprevista felicidad pudiera mover objetos
hasta hacernos olvidar la vejez de las puertas
o las mesas que recuerdan las campanas,
aquella mesa reducida a seis
cuando el balance de las manos o la pérdida del equilibrio
hace crisis
antes de apresurarnos a poner letras sobre la superficie
fría de una mano.
Sin ningún ojo que imante la nostalgia
o las uñas viudas de soledad
la niña lanza imanes al vacío y pesca uvas negras
el tono verde que los imanes apresados asumen
en las manos de ella o la inquietud violácea
incesante descubrimiento azul o el amarillo imantado
de dos cuerpos que segregan sus imanes.
Atravesando la estancia la niña lleva los imanes al cofre
y allí experimenta una gravedad de imanes libres
a veces los cuerpos caen juntos y el choque con la alfombra
crea una chispa de frutas sobre el muro
que ningún pecho puede contener.



VI
EN VANO FUI A BUSCAR UNA MANO ARMADA

En vano fui a buscar
una mano armada, en las atesoradas cadenas
comienzo, destrenzo
un día posiblemente impuro donde de número
la catedráticos van a aborrecer sus iras ,
los dilatados cabellos, el humo distante de
una voz, el rostro compactado en los mercados
de yodo, el indicado rasgo pulsado, asediado de
preguntas malversadas. Después una isla atormentada
por hombres ejas, por orejas cabalgadas por los dictados
anteojos, los pronunciados dientes del espejo en una augusta
reminiscencia de oídos sin el doble labio.

En cambio astillamos la estrella y el ala, zarpamos
de una libertad sin caballos, de una mujer ausente
llevamos el nombre del amante en el cuello,
en los planos
irreprochable de una casa, llevamos el placer de su mejilla
sobre el inmundo cielo que nos nace sobre
el infarto tendido de una piedra.
Cómo no recordar la ceguera de los brazos
lanzados contra una insegura mano sola
cuya soledad los hace navegar hacia el vacío
mientras la breve cita de unos labios predice
un nacimiento de perlas sobre el humo.
Hay un pecho que busca sus alondras
en los cinemas,
en el vapor de las tardes numerosas,
bajo el roce ciego de una llama,

de un cabello triste,
un oscuro tiempo transcurre sus cenizas
en un límite sin bordes.

Cómo no recordar lo olvidado, las caricias
que invaden un espejo
los fierros de la tarde
sólo está presunción de mano atada
de piernas segregadas por el frío
como recordar el olvido de tu boca desprendida
por el viento
el oscuro sabor de tus ojos caídos
o el pudor de tus manos eternas hacia un atardecer
de ciegos.



VII
EN NINGÚN CINE

Por desgracia en ningún cine se está solo
a la salida encuentras
las huellas de un cabello
y ningún cuerpo perdura.
Suponemos que al salir apresurados, descuidamos el miedo,
la pasión, el cigarro, las llaves, la corbata.
Ocurre que al llegar
buscas el depositario de tus quesos
y te sientas desnudo en el abismo, entre una pierna que
silencia su llanto y un ojo que maldice la noche.



VIII
UN SOBERBIO DÍA

Un soberbio día avanza en los cristales
y yo estoy dentro del cuadro de mis huesos.
El soberbio día incendia sus flores, abre sus freezers
declárase sombra de otros días, tul de una mañana enferma,
claridad de una casa rota sobre el mar.
Un soberbio día urge la diana de un lamento
la urgente muerte, el emergente corazón abandonado
sobre el hueco latido de una rosa.
Atrapado en el sueño de la tarde nace el día
y comienzan a aparecer antorchas frías.
La tarde pertinente, la golondrina que busca la isla
de una noche
las chimeneas cerradas por el sueño.
Nace el día cargado de ventanas rotas, de quicios consumidos,
de fuego sobre la muchedumbre reunida bajo el sol.



IX
NACEMOS SIN NINGUNA PIEDAD

Nacemos sin ninguna piedad,
sin ningún sollozo. Simplemente nacemos
en los nidos que ninguna paloma conduce hacia el silencio.
Nacer es descubrir el torso de un cabello oscuro,
el rostro contraído de una voz. El manto innumerable no
nace.
Seduce la apertura de uno párpados, las luces de un ovario
quemado sobre la sal de esta nieve.
Nacer para morir de un urgente amor
Sobre las limas y los tules..

Sobre el vaso muerto y el paraguas verde
un nacer ávido de partir, incesante como un vuelo
de pecho aprisionado.

Un placer inconquistablemente oscuro y avasallador
como la mirada sorda de un seno sobre el mar.
Un nacer incongruente. Un caótico nacer, verde
numeroso como las llamadas de una verde mañana
un avance de esmeraldas frías, de girasoles naciendo
sobre una insegura oblación de cabezas arruinadas,
muebles sonoros,
y rostros calcados sobre la eterna pared el viento.

No nacer, inmoral, fruto caído sobre las manos
que liban una sobra
no nacer es inmundo como no morir sobre la perla inútil
de un sollozo.
No morir ahueca el resultado complejo de no nacer
Nacer simple, como destruir los alcoholes sobre el inmenso
lago de un obligo, por la sal de unas manos.

Morir acompleja a los que quedan en pie,
como las proles de un ala turbada por el sueño.
Un morir complejo espera sobre el simple hecho de mirarte.
Si los cabellos del día, los dientes, sin la voz adherida
de todos los ropajes, las llamadas que desploman la oscura sed
de unos labios. Morir sobre el nacimiento de tu cuerpo
cuando la gravedad de la noche descuelga sus alambres
uno se va por el lugar más inmóvil de la estatua.
Por los labios de Proserpina, por el grito que hace Hécuba
antes de caer precipitada,
cuando no hay llamadas telefónicas, ni cartas con una
dirección en inglés, de cabellos hacia el mar, labios
cerrados para siempre.



X
A VECES UNA NIÑA TE ENSEÑA

A veces una niña te enseña a caer desde ti mismo,
a disfrutar la caída remota de las manos,
los innobles descensos de una llama que no quema.
A veces una caída de frutas, espejuelos,
piedras hacia adentro,
una caída solar que dulcemente asola.
La palma de una rosa suelen ser tus manos
cayendo, de su inútil caer
volviendo de un descubrimiento de ríos
y asola esa frente que ya no cae,
que no ha aprendido el oficio antiguo de caer.
A veces una niña te enseña a tener una recaída
sobre su pecho lleno de naranjos
y de sonidos impresos en la tarde.

Un oscuro cuerpo desocupa su heroísmo
queda insulso, como un naipe roído
por un sueño,
un oscuro cuerpo eriza su leve geografía
y copia una neblina luminosa
sobre la superficie,
un oscuro cuerpo se ceniza en mis labios
y abandona las inmundas palomas de la tarde.
Declinemos el día y la noche
reportemos algo de nosotros, lo más impuro,
sobre todo lo que acumula ruido y sombra
dejemos decidir, gagueemos un poco
y salgamos a lamentarnos como siempre.
Una réplica escribe, fuma, se encoje
en un desesperado machismo,
un arranque huye hacia el punto de no
regresar, y uno sospecha ruidos en la cama.

Un retorno de ruidos en silencio
habremos dejado una epidermis, una ansia
en las latas de cerveza.
Copiemos, simulemos el retorno de los huesos,
amemos nuestras colillas,
volvamos a ser artrópodos
los únicos camellos capaces de inventar un oasis
retornemos al muslo, a la nariz que segregamos.
Toda la ciudad guarda nuestras pesuñas
nuestras insanas ternuras quemémoslas y
dejemos de maldecirnos hoy, solamente hoy,
emulemos, caballemos un poco,
olvidemos nuestras monogamias por un momento ,
este regreso a las 5 tiene su desnudez,
declinemos la ducha, firmemos,
seamos pacíficos por última vez,
reduzcamente el respeto a las axilas
erremos hacia nuestros anteojos, a lo mejor
nos descubren.



XI
HAY TANTA NIEVE, BOSQUES

Hay tanta nieve, bosques de tylenol, relojes,
alguna alfombra mellándose,
un oscurecimiento de lienzos sucios, navajas,
medias de mujer
uno se muere de su inútil gravedad,
de este párpado, de ningún árbol escondido.
Siempre nos ocurre
algo traslaticio,
un refajo descubierto en el borde,
un cuello genital para nuestros besos
de subway
importa hacia donde gira lo borrado
aniquilados por el frío

cuesta la forma de esa mano, movimiento
de nuestras miradas
la página angustiosa de tu pecho grabado en la sombra de
esa puerta sobre todo orden cabalístico,
casi brutal, tus manos acabando de desnudarse
de un guante, un saludo
girando hacia el abismo trazado
hacia una superficie inconclusa.

tu ausencia es el acoso de un signo, tus huellas han fundado
una ciudad de perfume encerrado en la nostalgia.
Acampando en tu cuerpo la ausencia
desborda sus enigmas ,
sólo hay una forma de regresar al vacío donde
los insectos recomienzan la noche,
el vacío está donde las flores comenzaron a devolver abejas,
habituales lloviznas, infligido recuerdo
donde las cortinas destronan sus siluetas escogiendo
humareda, un incendio que vuelve de los cortes
próximo al tenor oculto en las pinzas, en ese silbo ruinoso
de subir y bajar por tus cabellos.



XIII
LOS SOBERBIOS DÍAS

Los soberbios días de un hotel y el agua fría de una noche
saliendo de un pájaro diurno,
noches que el necesario mar convoca,
horas de un codo olvidado, uñas de una superficie,
horas durante las que olvidé el sexo de la luna
noches de apunte, nacer sobre la indiferencia
de frutas solas y trenes hacia el sur
días de olvido, de recuerdos en los bancos
atrapar las velas destrozadas de una voz, las sin razones
de tus glúteos en la oscuridad,
pelos, pies ya sin tronco, cinturas sin las puertas de la ciudad
una noche en que no te hice el amor,
sé que hubo una distracción de talle,
pudor sobre la virginidad de una lengua,
un lugar donde todas las miradas convergen
y nos invade el estante, el cofre nebuloso
a las 5 de la tarde, próximo a los residuos que dejan
las orquestas giramos donde la quietud
se atasca a una traslación,
una insospechada planicie cuece bombas sobre nuestras
cabezas y voy al beisman de todos los días, radios de todos los fines de semana,
a una proximidad en el error de los cuerpos,
una rotación de iras, ropa sucia, focos lanzados
y discos lo único posible moviliza
tus manos tu lengua rotando alrededor de mis labios inmóviles.



XIV
EL INFIERNO RESIDE

El infierno reside en lo que ha sido dicho
nuevamente,
desde un nuevo espacio los relojes, los casetes
advirtiendo, los audífonos mudos, desolados
los mismos ejemplares demolidos por
las mismas palabras,
el futuro taxi,
el necesario retorno de las palabras húmedas
proscritas, de las superfluas palabras
capturadas en los ayunos.
Cuesta saludar, medir, salir a la superficie
con una nueva palabra
sobre si estás desnuda frente a un ángel
y llueve desde un pecho vivido,
un blanco llover de espejos taciturnos
sobre las llamas de un bosque
alguien añora la ternura
de un sollozo,
un grito modulado por la lengua, de bruces
el seno de una estatua llora.

No hay hoteles para la histeria de un ovario,
no hay axilas en los discursos,
no hay humo sobre la apertura de un seno
en los labios, la suerte de los cisnes,
un escozar de uñas hacia afuera,
asombrar la puerta de los comparecimientos
los relojes, las huidas, hacia las dunas,
nuestros cuerpos y el peligro de no hablar.



XV
NO HAY NI SOLEDAD


No hay ni soledad siquiera en las montañas (Thomas, E. Pág. 55)

el más estricto orden yace en las cosas que relucen
en el sótano de este dolor
uno se acuesta y el dolor
hace ejercicios antes de dormir
anochece en las superficies
de todos los relojes y
nunca es impulsivo el roce numerosos de los
objetos que entran en los trenes a las 3 de la tarde.



XVI
BAJO UN SOL ESTRICTO

Bajo un sol estricto
se cuelan algunos cadáveres soñolientos
algunas modistas
algunos maniquíes se cuelan bajo el más estricto
y espectacular sol de octubre
uno pierde tictac, avanza hacia
un esplendoroso retroceder
retornando, nadando hacia una nueva sombra
podremos recuperara una caricia
pero el encuentro con el cadáver es real
y lo siniestro parte de nuestras miradas horripilantes
uno encuentra una manera sobria, exacta de
aparcar en la mejilla de un lamento
extendiendo talones de tigre
espacios para un hombro, líneas difusas,
exactas como cuando a uno lo enseñan a ensalmar perros bajo la lluvia,
sucede
pero yo sólo amo este sol sin intestino.



XVII
INFUSIONES DE CARIDAD

A nosotros sólo nos hacen infusiones de caridad
inyecciones de mentir frente al espejo de bolsillo
a nosotros el año de este meridiano
las puterías de esta infame recurrencia
las cábalas de esta presunción y el peligroso acto
de codificar los puentes
ahora que nuestro amor es levadizo, tendamos un subterráneo
para alcanzar la desventura
como si nuestro oficio taciturno se limitara
a coleccionar bodegas
a yuxtaponer sombras sobre las cartas
a gemir sobre el velocímetro
de este día gimiente.



XVIII
ESTA MAÑANA

Esta mañana al salir de nuestro cuarto
al descender por esta suma de esclusas
la primera puerta que se abre
un viernes de sumarrestar seres
alargan nuestro rezo y nos recorren las pezuñas
entonces nos ocurre un tercer destierro
una región de pasos en un muro
unos paraguas verdes
nuestro paso irreprochable abrocha su desnudez
se deshilacha de afectos, tiras malolientes de nieve
masas de un yo oscuro deshabitan la herrumbre
de un cencerro
Para que pueda resultar las insinuaciones perfeccionan sus
alarmas y las boinas aceptan un lugar en los cabellos.



XIX
TU LENTA DESAPARICIÓN

Tu lenta desaparición por mis axilas trae la súbita
vuelta de un insecto
que siempre va a morir en la esquina de una carta
tus pasos hacia la puerta extienden un solícito temblor
de patas hacia fuera
recuerdo la justificación de piezas
el ajedrez jugado la arena
el abanico volátil de una noche de amor
la lluvia llevada a una pelota de fútbol
la noche en que te besé
ahora el insecto extiende sus patas a una altura de
cristales frívolos
y las luces imprevistas reproducen el error de una ira
los sombríos cuencos de una mano
que ya no toca los libros muertos soles de un rompe
cabeza tren de lamentos sobre la chispa
inseparable de nuestros ojos.
Nuestro regreso provoca un incierto heroísmo la impunidad
del vacío
un naciente heroísmo de árbol pulimentado, de vivir en la
enemistad de dos árboles
algo de color desechado, quejas apresadas en un tiempo
diseñado bajo el vidrio de una noche
como el acto definitivamente libérrimo, oscuramente inútil
de seguir a tu lado
a veces el morir esconde unos ladridos, revuelve sus telarañas
y uno escoge el dado ansioso
de morir bajo la falda de una colegiada angustiosa
el verdor las sospechas que diariamente segregamos
elementos de una identificación
las penumbras de unos párpados en un vaso, escoger el revés
la temblorosa visión de perderte
la plaza que contiene los abismos, las espaldas diseñadas por
el sexo de tus manos.



XX
AHORA NO HAY MAS ISLAS

Ahora no hay más islas, riscos desolados, playas
en los pasos de los cisnes
sólo un nivel de mar invicto sin el humo de la algarabía
la lluvia revoca los contornos, borra las rutas
el definitivo olvido espera
en el torso, húmedo papel sobre una llama
a pie salía del pecho de una dalia el ombligo descalzo
a pie sobre un índice
sólo la húmeda calvicie de una lágrima podía evitar
un incendio
el talle de un cabello cruzando la hendidura de dos mundos
vuelo primoroso dos manos
hacia un abanico de cartón, de palmera, semillas frías
hacia una escalera desde la que diviso el mundo de la espuma
capiteles quemados, humo de dos islas, transeúntes
ya sin belfos.

Puede resultar que salgamos rejuvenecidos de nuestro bacilo
resarcidos de esta inmunda soledad tomada en serio
tensemos esta risa al borde de la alcantarilla
conquistemos los vencimientos.

Acaso salmodiemos con la muerte
con la insistencia de desvestirnos delante de nuestro
último cuerpo.

Una ciudad líquida, casi impura, nos espera, sueño sobre su
contorno derramado
el mar siempre reproduce los puentes, las luces de la primera
vez, proponer una manzana, cubrirla con el brillo de una
estrella, mar donde no encontré nada,
una ola olvidada espuma ya sin labios
y desde allí divisar los cinemas, esa suerte de morir en los
bordes roídos de una sala

pálpito de la soledad, vacío de unos pasos, océanos exaltados
de un pecho en los guijarros
prender el pez rojo en la avenida donde nadie nos ve, huir
a las habitaciones con el pez desolado
volver a las puertas aladas donde no estuvimos nunca.



XXI
TU SALVAJE HUIDA

Tu salvaje huida regresa a los guijarros levantados
de una lágrima , viaje disipado, el momento al que nos
anticipa una rata
las ventajas incestuosamente devoradas terminando el
comienzo de una mano
el desconcierto como un deseo portátil
o las insistencias de un sueño
ya no rodamos sobre el lecho de los muertos no hay agua
para aruñar la oscuridad
sudamos sobre el olvido, sangramos al contar los párpados
de una queja
mejor crecer sobre la tarde en los cuadernos
sobre el arcoiris desolado
de una absurda mirada.



XXII
CONCENTRAR EL OLVIDO

Concentrar el olvido en los torsos, rehusar los abismos
de unas medias
las múltiples esquinas, lados, numerosos pájaros
apresados, ínfimos, tendidos sobre las vigas de un pecho
dormidos o vivos, tendidos sobre las llaves, las puertas
los pies de un asterisco
humo indignado de dos bocas, las iras cavernosas de dos
cuerpos que reinician su viaje a las raíces
la flor del esqueleto, la sombra de la
luz que segregamos
el puente por donde pasa el retorno
lo escucho destrozando pestañas, escupiendo
sobre los cuadernos y las cartas de los inmigrantes
nebulososencuentro en mi desaparición, reasumo mi idiotez vuelvo,
dormimos, y no rechazo los cadáveres que quedan en la oscuridad.

Este miserable dormir hacia ti
hacia la noche continua, años continuos, espaldas, botas
etcétera canela sobre tu pecho libre
borrar la silueta de tus piernas, tus nalgas egoístas
tu pecho dominado por un niño
vuelvo, gateo en las habitaciones
muerdo la ternura de este silencio contenido, sospechoso
mi vida se llena de poemas baratos, de puntos decisivos
negaciones de un ayuno concebido,
eyaculo, palpo la quietud infantil de mi pene
encuentro más que un osario de minutos contraídos
un ático disperso.



XXIII
LA CASA PRUEBA

La casa prueba su placer escribiendo en los ojos de los
testigos, el pino tembloroso cruje en las manos de quien
corta mis mangas, de quien conduce mis piernas mi estatura
al tejido sigiloso, placer que jamás copula con el pantalón
no soy quien visita el ínfimo suplicio,
no eres la blanca boca final de la escalera
los intocados pasos caídos en el inquieto paroxismo de la
pintura, no eres la que vendes tu ventana por la mirada más indiferente,
a gritos, abre tu cuerpo innumerable al contagio del humo,
a la pasión de un incendio a las vértebras.

Desde el inmundo ático hemos viajado por un cúbito de
claridad, iluminando las calcomanías, el radio nevado,
el televisor de corpiño cae impropio en la sien del dormido
pensar puede ser una sombrío hábito de mujer,
abandonar una botella de orine entre las medicinas.
Hay miradas-ojos sin ninguna posibilidad de iris,
una insepulta observación de cosas presumiblemente
observadas, el dorso oculta la geometría nominada,
la mano complaciente de un órgano,

el ático almacena instrumentos de viento
el humo toca su melodía, el manto, el sollozo, el espasmo
recurren a raros instrumentos, las cuerdas,
el desamor destocan, componen una indicha,
cuando va a nacer una ala al borde una mano.
De él han huido los coléricos,
los venerables se humanizan con la tinta,

con el borrador de nadie,
los cubiertos atesoran una boca apenas besada,
un dolor casi humano
si lo mirase un intruso advertiría flores en un ámbito de
cartas cerradas.



XXIV
INÚTIL QUE CAMINE

Inútil que camine
Apenas he vivido un largo día
en consecuencia sólo he tenido un sol
una sola vida sobre la naciente ola inconsumida
sobre los riscos, una absurda sonrisa que brota
de los cinemas, voy por tu camino con un solícito
infarto atornillado en la garganta
inútil poseer el sueño borrado cuando alcanza
la indiferente llovizna;
camino, desando imperdurable, sombras. Voy con
mis piernas supuestas
hoy tengo 9 días como si fueran los nueve cuchillos
dictados por mis manos arruinadas
hoy me he levantado irreparable.
Las manos ya no combinan con el aliento de un cuerpo
la voz no viene de ese hueco alojado en el viento.



XXV
AMO LOS PASTOS

Amo los pastos, los deseos insuperables
de cotejar una sonrisa sobre el corredor
nos viramos en las puertas giratorias, listos para un día fijo
sólo yo puedo engendrar costado
disfruto mis horas como quien disfruta un cuerpo sitiado
voy indiferente, sin esperar costado.
Sólo he tenido las cuerdas de mis dedos
mi camisa los anteojos de mi madre, mi risa fuera de
contexto.
Será inútil que herede
a mi abuela, tus torrecillas,
tal vez tenga mi primer engaño, mi primera circuncisión
insignificante para hacer el amor.

A pesar del otoño y los pájaros mi primer amor perdura,
odio la palabra partícipe, un segundo para
rodear tus rodillas, el tiempo inseguro, obtuso en que
trazamos una diagonal.
Sólo he tenido derecho al esqueleto fresco de tu pecho
y es inútil morir
no se necesita ropa, espacio para decir adiós, no hace falta
el cuerpo, mañana dispondrá el arcoiris
la cercanía de un lamento
para encerrar un cuchillo, la mano suele prodigar
espada sobre el espejismo de diez ciudades numerosas
asombrando tus rodillas

Sabré si el suicida tiene sus horas libres
si su llanto establece alguna diferencia
con la herida sigilosa de un cisne, o el innombrable gesto
de los niños que no nacieron
Después esta intensa oración aprisa descúbrete, hay
un pulso de frutas situadas, placeres irreverentes y
una rodilla tibia, impersonal pregunta
enmudecida, como una grabación de antojos sobre los senos.
Ahora anochece sobre el entablado
pero no palidece tu amor, tu odio, neblina, penúltima sombra.
Una botella de raíces, una revelación de fotos, aquella
alcancía volátil, pasajera de un tacto seducido,
nuestras últimas copas.



XXVI
24 HORAS PARA ABRIR

24 horas para abrir y cerrar por siempre
el verano, humo, simplemente el té de semillas
tu mano trazando una línea sobre el corredor
ahora anochece pero nunca dimos por descontado el sol
penacho nebuloso de una orquídea
no hay que interpretar nostalgias
la lógica de un ciego frente al mar, recuerdo
quedo entre los arrecifes
el espanto con que Nicanor se fue a alta mar no hay que
analizarlo me consiento en aparecer mientras vives, mientras
muere consume la ceguera con que te he besado, el aliento,
tu pecho era sordo tus manos ciegas tropezaban con los
cimientos de mis piernas
si los colores nacieron ciegos de la negrura
con que tú revelabas la noche al abrir las puertas
una lluvia brotó de las axilas, la oscura ola nos sostuvo
sigiloso y entonces fuimos una invención de claridad,
la niñez óptica casi humana de tu cuerpo bajo la lluvia.

El guante que saluda es un chasco,
hay probablemente un magazine sobre el escote tinto
seno simple,
intelectual, dichoso entre el dedo y la niebla.
Oh amor, ya tu cuerpo no duerme en el estante y la casa no
maquilla sus líneas.
No hace olvidar el inútil hábito descubierto por las pisadas
la indescifrable mano hojea el rostro desprendido
mis uñas de museo,
mi esqueleto navegable.



XXVII
UNA AVERSIÓN A LA MUERTE

Una aversión a la muerte se advierte en los cortes de madera,
caminamos sobre la sedienta blancura de un pino
desatado por la opacidad de unas manos que han cesado de
destruir su cuerpo sobre el corredor,
y una posible huella recomienza la exactitud ruinosa
como una ilusión oculta en los tejados,
es muy grave palpar la frecuencia de un muro en las puertas
divididas, como un deseo ofrecido la puerta es un espacio
lúdico, donde el pino ha sido vencido por la lluvia,
de este modo la llamada aparece en las carpetas,
no en la extensión descrita por el hilo del cabello sobre el
corredor de nuestro cuerpo.



XXVIII
MIENTRAS DORMIMOS

Mientras dormimos nuestra increíble cabellera dilata
su mirar,
y nos decidimos a actualizar la chimenea con nuestro desamparo,
no hay quien destrence el viento de los acordeones,
no hay ocaso entre tus ínfimas vestiduras,
el tacto suele acontecer en la cintura no en el reloj de un
pecho contraído por el asombro.
Mientras dormimos despiadado un deseo tiene lugar en el
trazo de una lágrima,
Una casa antigua concluye,
deja los preservativos oscurecida por las claridad calurosa
de dos manos sobre el andén.



XXIX
UNA MARIPOSA TÁCTIL

Una mariposa táctil, movediza impulsa un infinito de alas
sobre el mar, se descubre el mito de los espejuelos
la página virtual se desconoce,
se ha postergado el fascinado deseo de mirar la vana mariposa
antes de dormir.
Hay sobre el codo alimentos para el razonamiento del amor,
un bípedo se descuelga, se escarcha en su plomada habitual,
hasta las líneas difusas pasan los trapecistas,
niños con su anciana manera de esperar en los resabios.
Pero se ha descolgado el tigre amenazado, el manicurista
mide sombras y compone espejuelos sobre el aserrín
descreídos los ovíparos gérmenes en sus ropajes de fin de
semana.



XXX
SESIONAMOS

Sesionamos sobre la huella
que la ruina ha abandonado
sobre el esqueleto de una silla
la imposibilidad de reconstruir un seno en la noche
inútil, el cabalístico odre donde nacen dos manos
y sin que haya sed perdura el mar de nuestro sueño
sin que haya un pecho de avena mis labios exprimen
uvas endurecidas por la soledad
o aún me crecen manos sobre la noche una rodilla ruinosa
una piedra oscura entre las devastaciones de dos olas.



XXXI
CONTRA LAS LUNAS

Contra las lunas de unas piedras viudas, el gran sombrero azul
la enorme arbórea cabeza de la lluvia, alas opuestas, senos.
Sin ningún torso, ninguna voz axila, sigiloso
contra el indivisible velamen, triste barco del viento.
A veces nacen olas incrustadas en los barrotes, entre las
marionetas cruzan a esta hora. Ninguna avenida retiene
las sombras. Ningún rostro conduce su equipaje hacia un día
pleno de ese lamentable ojo que ninguna lluvia apaga.



XXXII
NUNCA SUPIMOS QUE EL CUERPO

Nunca supimos que el cuero muda sus anillos
para no herir el pie imberbe, quizás para no encerrar
nomenclaturas el símbolo perdido en la arena
sobre las uñas descubiertas por el dolor, un índice ávido
de tiempo, las atormentadas colmenas de unos senos usados
podríamos haber perdido el mar de noviembre
desechar el barco, el ansia de tu cuerpo
tomado en su hundimiento, nos dolía el mar, no la saliva
de éste día indiferente
teníamos un hormigueros lago sobre el corazón
habíamos escapado de las menores imprecaciones, pasión
casi humana.

Moríamos con la lámpara de sol sobre el cabello, casi
yacíamos humanizados por el celo contra el reloj definitivo
apoderándose de una sigilosa palabra.
Para qué desnudarnos puente tendido sobre el aliento
ningún amigo aguarda sobre el verdor
embárcame con los cinco centavos el dado de llenar el
silencio de pasos.

Ahora ya no estás sobre el tejido opaco de tu cuerpo
llama sobre la morbosidad el azogue
la nostalgia anilla sombra estableciendo
sus frutas desprendidas
confiemos en la piedad del vacío
tus manos separadas
tal vez confiamos demasiado en las espadas reunidas
abrúptamente por las viejas porfías
tras la inflexible nuca una declaración, una cita
en las tabernas.

Sus desleídas líneas aparecen sexualizadas
por la silla que nos habitó ni siquiera sabemos
por qué el dedo que emana de los labios pierde
su erección como si fuera una sombría y simple estatua
que no ven las embarcaciones
somos el blanco de las cosas contraídas por la inmediatez
punto debajo de los libros, nota marginada por el
fuego, por la brisa venida de los puertos mortales
pasamos al orden olvidado, a la claridad trayendo los enigmas
de un cielo de presagios
pasamos a la brújula de un minuto, dentro de ese horizonte
encontramos el mar que nos contiene
o las alfombras se nos amontonan,
en la sien
a gritos el poema se desvía por una zona donde la sierra
asusta la otredad
el sucesivo ser se desencuentra, se devuelve huido sin ningún
dado toda la fabulación nace el arco, de la pereza que nos
abisma en otro cuerpo.



XXXIII
ME HE MIRADO

Me he mirado en uno de esos sitios
donde uno se desprende por un instante
de las cosas que hastían
a mi izquierda
ni el reloj restaura su oquedad en la sombra.
Curiosamente los espejos pernoctan empapados
por una mirada
accidente de un cuerpo de mujer
el espejo suele ser el espejismo dilatado, voraz
el atormentado heroísmo de una mano aparece
en las cornisas.
Profundo un río vigila la nostalgia, iras
que el río oculta
espejo dudoso, sueño atrapado
en la ventana del enemigo.



XXXIV
TAL VEZ EMPRENDIMOS LA NOSTALGIA

Tal vez emprendimos la nostalgia encendida
en los páramos
sobre los tensos cabellos teorías de no
Cierto nada oscurecíamos la escalera casa anonimada
por el ojo de una mano
tiempo amor, perfil del humo tensado sobre
la última viudez del día
y tú tenías el momento necesario para advertir un hombro
umbroso mustiándose tras el tatuaje desolado de una fría
orquídea o el dedo angustiando los secretos de una mano
nunca acomodada al vocerío menudo cuerpo
tu podías imaginar el temblor impío
tal vez un tiempo de ceniza sobre la alfombra
quimeras llevadas a la pira de unos labios.


Seguramente regresamos del placer sostenido en las citas
frustadas porque la cita está contenida en el rumor
en la diezmada orgía de un adiós helado en las ventanas.
Nos huye posiblemente el ángulo que hace la mirada y que al
encontrarse en un punto de la frente nos gime
deja la oreja de ser esa flor sensitiva que a veces salva la
agonía de una boca.



XXXV
QUE REMEDIOS

Qué remedios impiden el otoño, las hojas traen su hastío
sus iras, atardecer aquí, ahora implica hacer que los gérmenes
razonen, el espejo brota de la prisa, tal vez de las notas
de esta irreparable tortura de llegar a tomarte
por un día posiblemente no recuerdes
no me digas tienes la espalda arruinada, labras un medio
de llegar al hombro sólo arena campanario guardado
nunca llegaremos a huir por entre las palmeras paralizadas
por el aliento.
A mano derecha puede abreviar la conquista del humo
aquel nacimiento de uñas, cabellos, al cruzar la
penúltima puerta
hacia el sol nuestros ojos proseguían risueños gestos
del surfing, imposible adiós el día en que escapaste
tras los primeros bancos de la mañana.



XXXVI
HOY LA LLUVIA, PÁJARO PRECOZ

Hoy la lluvia es un pájaro precoz
que nace de los freezers quemados de las partiduras de
un adiós tras los dinteles
de los quicios consumidos por el viento, del día
innumerable, de los ojos sonoros, deslumbrante de una
muñeca inútil.
Hoy dos pájaros simulan que cruzamos entre los espejos
situados. No hay nada sobre el entablado. No hay sol. Sólo
cabezas con imanes congelados, lanzados contra el estanque
de un ojo separado por el rumor.
De la lluvia nacen largas hojas, grandes colas de pájaros
bajo un largo viento cruzan sobre las capas pardas y el día
se arruina en la boca de un sombrero mudo.
De un largo adiós padecen estas sombrillas negras
el desnudo viento rasga las faldas, rodillas largas
del ansia.



XXXVII
NOVIA O VIUDA

Novia o viuda te ama de noche y de perfil
un teléfono azul, aquel arcoiris sobre el día sin llamadas
y nadie era duende, lo virgen encontraba el ojo demolido
o el teléfono remoto no gime
novia, viuda sin relincharse, dejarnos servía un vacío
al fondo de los quicios
nombrada a casos fieros y perdidos en lo cadáver del viento
condenada envidia, llover mientras acontece lluvia
en lo virgen de la escalera coloreada por tus zapatos
nos enriquecía el largo tibio brazo, aquel día sin larguezas
en el espasmo de la lluvia.
novia o viuda infame para sentirnos en algún codo
llevábamos un tren disperso, íntimo
bruja de mi corazón, nuestros labios segregan sus noches
de perro, las plumas nos redimen igual que la muerte
llevamos el recuerdo de un pez muerto y tu risa ha levantado
una plaga de pájaros, y hay sangre a mi vera
a veces el recuerdo de unas torres chorrea sobre el muro escurrido
acabas de entregarme el tacto, el teléfono azul
los términos de algún dado, ese rostro atrapado en los días
de cartones y ofrendas
Hay avisos de sal en tu cuello, noticias brazos de desenfreno
y voces de infundio sobre el impredecible negativo de tu cuerpo
novia o viuda los dados eternos bajo las claras bahías
mis aborrecidos ojos te buscan para odiarte.



XXXVIII
NUESTRAS LUCES

Nuestras luces se apagan y acabas
donde no hay nadie
excepto esa forma de cuerpo que se apaga
por los paraguas libres de la lluvia
y acabas perdida en la madera
bajo la suave lluvia de los pechos condenados
nuestras luces que no se adivinan
en los calcos de una imagen baldía
cuando un vano infierno deshilacha los cristales
del vientofinalizan tus diablos cajuelos, cardúmenes
nebulosos bajo la marcha de las acupunturas
del pie no ha aprendido el oficio sediento de violar
las alcancías de los codos
el fuego devorado en las tinas jamás enciende
su ducha cuando mis manos te depilaban
veía caer un manto negro sobre un pueblo de esperanza
bajo el tiesto que no pernocta en los estantes
izados sobre el borden de la vida hay un trípoli desierto
para los geómetras de tu pecho
cuerdas de cigarrería, acaso el discurso de los caníbales
azuzando el éxodo, bello buda vendido en los mares
donde la cárcel no aprisiona los relojes antiguos
y es literal dormir sobre el antojo dado a las aves
del pecho, penas a la cadenas del oriente que deseando
tiendas quemándome.



XXXIX
ARAÑA EN EL CORAZÓN

Fuimos a la casa que jamás se abrirá
a las raíces de una ventana sobre el muro desnudo
establecimos la fugacidad
de un zapato roído
nos ladeamos hacia un mapa de lluvia
sorteados por la oscura piel de la escalera,
algún zapato triste
bajo esta oreja jamás podremos volver, bajo este verano
pronunciado en las entradas a la casa, seguros de una leve
nieve en los figurines, noche descontada en los retiros
a menudo los tiestos de una sonrisa perduran en lo disperso
acomete su verdor en lo libre de la mañana
y hay una poscarta, una ínfima molienda de sueños
al fondo de las cuerdas,
alguna sed de arañas bordean los pasos del extranjero.



XL
LAS BRUJAS DE CONCOURSE

Desinflado de ángeles, acuosas hebras de ti, mujer de escoba
abrujada por el contacto sigiloso de un tren sorprendido
en la visitación de los labios, te amo por ser la más fea
esa presunción de bruja, ruina concebida
en las divisiones, recuerdo nuestro más agudo esternón
el radio tibio a caso presuroso de sentirnos indiferentes
frente a los maniáticos, adiablándote para libar una pose,
virgen de mi único vicio, no vibras solo abrujándote
descubro una página loca en el día de las momias
tobillo de mi infancia, aquella tarde sin sexo y el viento
de la escalera en la erección de las flores.

Cuando la bruja pierde el sexo
hay un nacimiento neutral de glucosas
palomas para establecer un circuito de cuello
en los portazos de nuestras quinielas
hay un género de miradas en las causas de la estatua
los elementos del agua, el diario del desterrado
no acontece cuando ella inventa el sexo
y un viento circuliza la duda
en el palmo de los ángulos libres
tu venías de la brujez de un talle
a las brujosas manos en los ensartes del pañal
que el amante aprisiona
te he inventado cuerpos giratorios
en la fijeza de una puerta contenida en las manos
una ventana atada al último horizonte
entre dos astros siempre hay uno que gira
en los trazos de un ombligo
y los homosexuales huyen de las brujas
hacia un crespo espacio de bujías en las pretinas
de algún cuerpo
o escapan de las convenciones de la modista
con los vellos tibios y el humo de los primeros
en asir a la bruja por el cuello
lo eterno pudiera ser abrujarse y perder los calcetines
en un lugar de cerámicas
donde el duende sucede los espejos continuos
hasta que la mano difusa recobra los azules llamados
del teléfono
en un tiempo sucio de pañales prestos para los encadenamientos.



XLI
EL CAOS PERDURABLE

El tercer color de la escalera
reside en lo perdurable del caos
que se inicia verde y acaba enrojeciendo
el descenso del extranjero
que no recuerda nada igual a la escalera
que no opta por recordarse a si misma
como el destino en los pasos del exiliado.

Afuera el viento rasga sombras
de antiguas compañías
o conduce los últimos gritos del día.
Serán mis ojos la repetición de esa puerta
o ese viento que anticipa el ave frenética de mis manos.

Muy cerca de un cielo de antenas los extranjeros
miran las próximas puertas, el escudo de enfrente
las penúltimas cornisas, los nuevos pájaros
que una bella mujer lanza al viento.

El extranjero que domina perfectamente el tiempo
y que ha vencido el sueño en el recuerdo irreversible
de algún vaso
a penas puede notar el empeño en la reposición
de las frutas
y no ve el próximo descenso
o la futura apertura en los sobres.
Los nuevos ocupantes salen antes que
las acariciadas palabras del espejo.

XLII
A LOS QUE VIENEN DE DAYTON

Qué sentido tiene vivir en Dayton
o amanecer en Crotona, en un tercer parque
si no hay un lugar que nos recuerde.

Si la riqueza no está en las medallas
en las vanas conquistas
no están en la imagen de ese barco
y esa pierna es apenas la ilusión
de una mano.

Lo que tiene sentido es la voluntad de salir
por esa puerta
y dejar el recuerdo a los que vienen de Dayton
donde nunca estuvimos.



XLIII
GRIEGOS EN EL INFIERNO

Al final de invierno se nos descubre este ser
para el código de los espejuelos turbios
se nos condena al saludo de los griegos antes de entrar
al infierno, al borde de las puertas giratorias
nuestra esparta oxida sus discursos, y nuestros leones
han tomado una roma, tal vez la última viudadez de los griegos
ante de terminar con Troya.



XLIV
EL ENOJO DE AQUILES

Mañana los griegos me echen del Olimpic
y tal vez la reversa acabe con la muerte de Homero
o este Aquiles que llevo sucumba
cuando las ratas de este día hayan roído su talón inaguantable
puede suceder al sitio, al aciago enojo de los griegos
al vernos diluídos, acaso frenéticos invirtiendo
los relojes, en el ensayo de nuestro último tarot
me echen ante la mirada recelosa de Hécuba
me conviden a este cake, nuestras poses de colmena
quieren ser corregidas cuando lleguemos al Olimpic.



XLV
EN LAS NOCHES DEL PLOMO

Hay un día en cuerpo
un año
acaso una hora entre los árboles de la avenida
el interminable consenso de dos olas
un posible cierre en los vientres
probablemente una mejilla traza el circulo imperfecto
de una boca
un borde libre de la futura mano codiciada por el rubor
del inútil desamparo de un seno
conservarte como el pez enlatado en la mochila de los marines
como el penúltimo cuerpo de un tigre
eres una estación perturbada por el dolor
tu futuro cuerpo libre
tu diario cuerpo con su vana cabeza suelta
la música calcárea de tu boca en la estancia sin ojos
tus diarias manos escritas,
augustas, deliberadamente quietas
perdidas vivas dichas
sobre el evitado borde la espuma
nuestros cuerpos en las sobras de otros
nuestros metros de tierra de agua ávida, tu pecho
nuestras últimas hilachas descubiertas
sobre el esternón
nuestros cuerpos y una única clavícula vestidos
de espalda y glúteos y cuellos, cosas no vividas
tu talle de paraguas poste contra el sueño
bajo el descuartizado lecho de la noche
nuestros cuerpos postergados en las carpetas,
en las noches de plomo se desvanecen.
como un mes dentro de un siglo
cabes en una era, pervives antigua
en una playa sin pájaros sedientos
ocupas los arrecifes la ropa sucia hilachas
de mar horas rotas contra los quicios de los
velámenes
como una playa dentro de un cuero
el agua discurrida perdura en las orejas desvividas
cortinas de agua discontinua volátil como un sueño
vuelve a ti
como nuestra última piel
infinito tambor de un pie privado de su regreso.



XLVI
PIE DEL ÉXODO

Antes de ser mis pies
o mis uñas
no crecían hacia afuera
sino enraizados contra el humo
modelados por la piel de un caballo
mis pies solos en el concierto
o en la plaza de armas
el mar consuela estos pies
sobre los velámenes hundidos
nuestros agudos pies de algas
de camellos o tigres
ignorados por mi
en el lado remoto de un cuerpo
de un lago
creciendo a 20 ardillas por minuto
incubando el éxodo
levantándose hasta constituir un puente
el pie sueña su danza
absurda lejanía entre el ombligo
y el pié
entre el ala y el pájaro soberbio
una línea precoz nos divide
en un norte y un sur
antes de ser mis píes mis axilas
la alquimia zodiacal de doblarse,
extenderse, buscarse, atraparse en los labios
encadenarse sumergidos en un tobillo verde
dentro de una calle donde no hay viento.



XLVII
LOS PIES DE ELLA

Te amo detenida en un pié,
en una uña
por tu acorazado pié recuerdo otros días
tus píes saben más de la tierra
miras veo tus píes ágiles, agudos senos
contra el recuerdo de un pié sigiloso
imborrable es el pié, ese contactado dedo
cuando orinas quiero ser tu pié, tu canción
más aguda, la tormentosa rodilla de una sombra
amo tus pies en la ducha, tu ignoras tus pies
a menudo yacen en el recuerdo de una casa antigua
gravitan entre cuadernos sedientos
no terminan, nacen de la tierra, crecen
abrigados por una mirada,
separados de mis tus pies de loba,
tus orejas lejanísimas para desclavar una rosa.

Hay en tu cuerpo zonas o mapas o diseños de espalda
cuellos, cojines por donde pasará mi cuerpo, tal vez
dialogas con mi mano, huyes hacia una futura conversión
mis nervios te buscan, sobre el muslo proclamado
solo el pié nos dibuja, nos lanza irreversibles
a la viudez de una boca
solo el pié hace el cuerpo, tu talle nace de un oculto
pié, tus manos observadas por tus píes,
muerto vano el empeño de ocultarlo.



XLVIII
HAY UNA SOMBRA

Hay una sombra de acupuntura en las cartas
después del mito de las piernas cruzadas
vienen las abluciones, el vaso maligno
y la canción atada al barco que se fue
después sabremos de los soberbios píes del suicida
en las habitaciones donde el doler cohíbe su talón
faltará agua sal pan, silla a la mesa contenida
en las manos
a la vuelta de los quesos del exiliado
detrás de las acupunturas de la hora hay una panadería
en las puertas donde
el cuñado encerrado en la sierra pena bajo el horror

adicto a su talle, acuerda su vejez en las pinzas
diseña el mapa de un sábado dichoso
después el ging seng aparece en la revisión de una conjetura
en el pié de las aldabas
ocultando el mito de las uvas y las piernas cruzadas
por los placeres inferiores.



XLIX
EL PANTALÓN VACÍO

El verano siempre trae sus bancos
el olvido de algún árbol aparece sobre las nuevas hojas
el olvido de algún tren dibujado en un parque
y la brisa incandescente no cesa
de ayunar en los oídos avistados en los dinteles
recuperados en las puertas
las fingidas manos en los trazados bordes
de una abeja
ya no recorre el límite arruinado
o el aviso aparece en la mirada accidental tendida
sobre los restos del día, no en el cabello.

Hay un tobillo perturbado, una pasión
de cuello sosegado debajo de las arañas
o los ruidos de la madera, el amor de los estibadores
tortura zodiacal de los sometimientos de hierro
en la fuga de dos cuerpos
en las manos proclamadas sobre el irresistible ovario
el verano trae la nueva moral de las piernas desnudas
la celebridad emputecida falsea
la irrescatable huella de un sueño, al borde de otro
sueño, el pantalón vacío, los lentes, único sueño
tras las últimas cornisas de un sueño con tus manos.

Hecharemos de menos los relojes contrarios
las orejas contadas hasta la sordez de un beso
en las bóvedas, en los confines de una cuerpo
echaremos de menos las ofensas de un dado
en las piernas
aquel día en que barajamos la mañana y te diste a soñar

sobre las últimas cartas y dijiste bien, construyamos
un codo taciturno
reiventemos las lijas, la incestuosa consagración
desnudarnos pisando sobre las huellas de alguien
desvestirnos de uña, liberarnos de un anillo salvado
en un lugar en donde otros amantes encontraban
el otoño disperso de un muslo
siempre hubo un lugar donde el agua no entró
una sortija recordada, aquella falta de sed,
y comenzar a quitarnos el corazón, los años de nicotina
nuestra enfermedad de ayunar frente a un ombligo
cómo escoger el museo, las salas de arte, las sombrillas
de algún cuadro, el más viejo dolor de un zapato
y comenzar a oírnos por la oreja de Van Gogh,
afrontar una mano desvaída
la cinta rosada, tiranizar los cabellos del día
con el arcoiris de tus ojos
o las velas consumidas hasta el sueño
el humo vapor consumido
hasta descubrir heridas sigilosas, tenues revelaciones
echaremos a perder las tinas, los jarros sedientos
las duchas sin una gota de yodo,
las pinzas de la laceraciones
mientras esperamos el agua, la sal del agua
la luz frutal, insidiosa de una axila pensativa
encenderemos las piñas asombradas, los naranjos
concebidos como una maldición
las orejas con sus olvidásemos, el ombligo de los destierros.
separados por el séptimo escalón
por nuestra última media, hay un nexo entre nuestras últimas
vestiduras y nuestra último odio,
nuestro amor quiere ser conservado en su elección
de espejuelo o de revista, atardecer en su visión
de raya, de triángulo,
hay un mapa que nos pertenece, separados por el horror
de estar juntos, por las escalas sigilosas que hay disueltas
entre un corazón que se va y otro que desaparece
hay un sueño no decidido aún,
un despertar impetuoso frente a un sueño codificado por la sinrazón.

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